
Hay un libro que llevas años queriendo leer. Una excursión que siempre quedaba para otro fin de semana. O aquella afición que fuiste dejando porque, entre el trabajo y las obligaciones, nunca encontrabas el momento.
Al jubilarte, puedes volver a mirar esas cosas pendientes y preguntarte cuáles te siguen apeteciendo. No necesitas tener grandes planes para empezar a disfrutar de esta etapa.
¿Qué dejabas para después?
Piensa en algo que alguna vez acompañaste de un «cuando tenga tiempo». Puede ser aprender a tocar un instrumento, volver a dibujar, visitar un lugar cercano o sentarte a leer sin estar pendiente del reloj.
Estas preguntas pueden ayudarte a recordarlo:
- ¿Qué hacías por gusto antes de que el trabajo ocupara buena parte de tus días?
- ¿Qué experiencia has pospuesto y todavía te ilusiona?
- ¿Qué libro empezaste o quisiste leer y sigue esperando?
- ¿Hay algo que te gustaría probar, aunque nunca lo hayas hecho?
Comprueba si todavía te apetece
Puede que algunas de esas ideas ya no te interesen. Tus gustos también cambian. No tienes por qué aprender pintura solo porque lo dijiste hace veinte años, ni terminar un libro que ahora no te atrae.
De lo que has recordado, quédate con algo que hoy te despierte curiosidad. No con lo que crees que deberías hacer.
Dale una primera oportunidad
Busca un gesto sencillo para acercarte a esa idea: abrir el libro, sacar los lápices, consultar una visita o preguntar por una clase de prueba. Después podrás decidir si quieres continuar.
Escribe una lista con las cosas que te gustaría hacer y déjala a la vista, por ejemplo, en la nevera. Elige una para empezar. Si te apetece compartirla, cuéntasela a un familiar o a un amigo que también se haya jubilado: quizá encontréis algo que os gustaría probar juntos.
De todo lo que alguna vez dejaste para más adelante, ¿qué te apetece recuperar ahora?
